
26/04/2006 VMT
Salma Hayek no se sienta a esperar a que los demás le digan lo que tiene que hacer. "Me invento mi propio mundo, genero trabajo, pongo ilusión y pasión en todo lo que hago y mi habilidad para soñar está intacta. Por eso estoy mejor que nunca física, emocional y mentalmente". Así habla la actriz, productora y directora mexicana, una de las latinas con más poder en Estados Unidos, que ayer presentó en Madrid "Pregúntale al viento", historia en la que tiene como "partenaire" a Colin Farrell y que llegará a las salas el 12 de mayo.
Basada en la novela homónima de John Fante, la cinta se ambienta en la California de 1930 y cuenta la historia de una rebelde mexicana cuya pretensión es casarse con un multimillonario americano. Sus planes se tuercen cuando conoce a un escritor italiano (Colin Farrell), del que se enamora perdidamente. "Mi personaje tiene unos sueños muy simples, sólo quiere sobrevivir, tener un trabajo y ser legal. No quiere morirse de hambre y persigue ser aceptada por la sociedad, pero esos sueños eran imposibles de alcanzar en aquellos años. Me inspiré en esas mujeres que motivan a los hombres a escribir una obra maestra y otras veces dan sentido a su vida siendo simplemente su esposa. Son musas a las que nunca se las dio crédito".
La protagonista de "Abierto hasta el amanecer" reconoce que en los años 30 y 40 los personajes femeninos "eran mucho más interesantes que en la actualidad". Según ella, "antes, cuando los gays estaban más escondidos, construían personajes femeninos con poder y fuerza. Ahora, la represión ha desaparecido, los homosexuales son aceptados y escriben sobre otros asuntos. Almodóvar es uno de los pocos directores que concibe roles complejos para nosotras".
Con un libreto entre manos que llevará su firma también detrás de la cámara, Hayek cumplirá en septiembre 40 años. Como la mayoría de sus colegas, tiene dificultades para encontrar papeles interesantes. "Tengo muchas amigas que no son latinas y se quejan de lo mismo. Es cierto que los pocos roles que hay son para las americanas, pero como desde el principio ha sido difícil. En mi caso, quizá sea al revés porque me va mejor que nunca. Ni me veo ni me siento como una mujer de cuarenta años porque mi relación con el tiempo no tiene nada que ver con la que tienen los demás. No envejezco porque relaciono cumplir años con la sabiduría, no con el deterioro. La edad está en mi cabeza, por eso no tengo ni canas ni arrugas".
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