
26/07/2008 VMT
A veces me sorprendo de la cantidad de hombres que tienen pantalones blancos en sus armarios (y que andan lejos de ser miembros de la tripulación de "Vacaciones en el mar" o naturales de Pamplona). El jueves por la noche hubo una fiesta en el Mood Beach Club de Puerto Portals con motivo de la Regata Breitling-Circuito Audi Medcup. Patrocinado por Anna de Codorniú (y menos mal que en el negociado de la burbuja, en un mundo Coca-Cola free, también había agua San Pellegrino, que me viene mejor en el empeño de mantenerme de pie). La fiesta estaba amadrinada por Tamara Falcó ("No sssabía que la isssla era tan grande") y Charisse Verhaert, la rubia novia de calendario de Julio Iglesias Jr.
El código de vestimenta era el blanco. Y tanto Tamara como Charisse iban de blanco. Pero fino. Tamara con un armani (ella decía Ármani, esdrujuleando) y la cuñada como un queso con un modelo de Alberta Ferreti de inspiración greco- romana. La mirabas de espaldas y parecía la chica esa que hace el paripé en Olimpia cuando empieza el viajecito de la antorcha.
Tamara y Charisse, que van de solteras porque Marco, el novio de la primera, está en Buenos Aires y el de la segunda de conciertos (cielos, ¿y ni siquiera van a verlo la novia y la hermana?), estaban pensando en irse a Ibiza de compras ("si he vissto que esstá al lado"). Como hayan conseguido llegar (no hay que ir conduciendo), estarán los fotógrafos equivocados si creen que lo único importante en la isla es la boda de Caritina. Estas dos se merecen un programa de televisión tipo ‘The Simple Life’, como el de Paris Hilton y Nicole Richie. No hace falta que ordeñen vacas. Sería muchísimo mejor. Buo, el programa se lo merece Tamara, que es lo más. Tamara Falcó Presyler es como un personaje de dibujos animados. Y si hubiera un título mundial de la persona más simpática se lo llevaría ella.
Un grupo de chicos de blanco (explicación innecesaria, vale) se acercó a Tamara (que no paró de hacerse aire en toda la noche con un abanico enorme) para invitarla a La Mar Salada. "Ay, qué essstupendo". Pausa dramática. "¿Quésss La Mar Ssalada" (es la discoteca del Club de Mar). Es tan educada que debe de ser de esas a las que regalas una birria y hace que se muere de la ilusión. A un amigo mío le gustaría tener en el salón de su casa tocando el arpa a una de esas tías que lo hacen en los hoteles (tocar el arpa, quiero decir). A mí me gustaría tener a Tamara hablándome en tamarí y levantándome el ánimo.
A la vez que Tamara tamareaba y hablaba con quien se le acercara, en el escenario del Mood actuaba Leonor Watling con Marlango, su grupo. Con su vestido de corte imperio (no blanco) que no disimulaba demasiado sus cinco meses de embarazo (ese embarazo que negaba meses atrás), Leonor interpreta sus canciones con tal intensidad y concentración que parece ignorar a los tipos de blanco que no paran de hablar incluso a los pies del escenario. La Watling es un regalo en cualquier fiesta. Su voz resulta cálida y alucinógena a la vez, pero como no es Camela (ni China Forbes cantando con Pink Martini) quizá necesite un ambiente más íntimo. O un gorila que calle a manotazos a los pesados (casi me ofrezco).
Cumplidos mis deseos de hablar con la divertida Tamara y de escuchar muy de cerca a la sugerente Leonor Watling (y a los pesados), mi brote mitómano se ha quedado incompleto. Me he quedado con las ganas de ver de cerca a Hugo Chávez en su paripé palmesano. Me han echado del Palacio de Marivent. Podría decir que no me han dejado entrar pero como ya había cruzado la puerta y estaba en la lista... Y en la puerta, pero por fuera, he acabado. Con la reportera Desiré de "Está pasando". Haciendo puerta en Marivent.
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