
17/04/2006 VMT
Cuando, con motivo de la proclamación como rey, su padre le dijo a Isabel II, que en aquel momento tenía sólo 11 años, que debían mudarse al palacio de Buckingham y dejar su vivienda de la calle Piccadilly, la entonces princesa exclamó: «¿Qué? ¿Quieres decir para siempre?». Y así ha sido, porque ha vivido allí desde 1937, a excepción de la II Guerra Mundial, cuando Londres fue bombardeada por los alemanes. Ahora, a sólo unos días de cumplir 80 años, ha trascendido que el palacio pasará a un segundo plano porque la reina planea mudarse al castillo de Windsor, su residencia de fin de semana y su favorita. Además, está previsto que reduzca también el número de compromisos oficiales.
Aun así, Buckingham seguirá siendo el cuartel general real, aunque pasará allí sólo algunos días entre semana. El palacio permanecerá como centro de la vida pública de la monarquía, donde se celebrarán las recepciones oficiales y actos como el almuerzo que ella y su marido, el duque de Edimburgo, ofrecerán el miércoles con motivo de su cumpleaños para aquellas personas que nacieron el mismo día que ella. Tampoco piensa saltarse la tradicional audiencia de los martes con el primer ministro, Tony Blair.
Sus ayudantes han aclarado que el cambio en su rutina no debe ser interpretado como una retirada de la reina de la vida pública, sino como un modo de adaptarla a un ritmo de vida más apropiado para una mujer que em- pieza su novena década. En su lugar, el príncipe de Gales y Camila, la duquesa de Cornualles, se ocuparán de algunos de los actos que antaño presidía la reina. Su hijo tendrá acceso a más documentación gubernamental, recibirá a más mandatarios extranjeros y presidirá más investiduras, en un intento de fomentar su papel de heredero.
Los hijos de Isabel llevan tiempo insistiéndole en que se tome la vida con más calma, pero ella les ha hecho caso sólo a medias. Ha reducido su agenda desde el año pasado, cuando presidió 378 actos frente a los 509 en 1996. A excepción del Día de Navidad y el de Pascua, nunca libra. Su secretaria, Mary Francis, cuenta cómo todos los días revisa los documentos que recibe.
Isabel II se ha entregado completamente a su trabajo desde que fue coronada reina a los 25 años, tras la muerte repentina de su padre por un cáncer. Ya a los 21 reconoció en un discurso con motivo de su aniversario que era «un sacrificio humano para el Estado británico». Pero no tendría por qué haber sido así, ya que no era, en principio, heredera del trono. Pero una historia de amor precipitó su llegada a la cúpula de la monarquía.
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