La temprana muerte de su padre, cuando Rocío apenas era una adolescente, marcó a la cantante profundamente y le obligó a heredar el oficio paterno. Además, trabajó en la recolección de fruta y como costurera. La de Chipiona compaginaba este tipo de tareas con la que ya era su gran pasión: la música. Así, la joven acudía a todos los concursos radiofónicos que podía, donde ganó numerosos premios.