Dicen que en la variedad está el gusto y, precisamente, éste es uno de los grandes alicientes del certamen de Miss Universo. Se trata del escenario perfecto en el que cada país puede enseñar al mundo a su mujer más bella o, al menos, a la que se supone que lo es.
Lo que está claro es que si de algo sirve este concurso es para demostrar que la belleza no entiende de fronteras.: Tan guapa (o tan fea) puede ser una miss nórdica de piel blanca y pelo rubio que una africana de tez oscura y rasgos raciales.