El ex tenista Boris Becker, de 38 años de edad, asume que no hay como aprender para enseñar. En su campaña de salud en Alemania contra el sida, espeta un tan modesto como desarmante: «La protección es necesaria, lo sé por experiencia». Seis años después de que su «preciosa hija» con una modelo rusa tuviese su origen extramarital en un «affaire», si poco romántico no menos pasional, en un retrete londinense, el veterano as del remate en corto ha concedido en el lanzamiento de la campaña de televisión que «gracias a Dios, el resultado de mi comportamiento fue una maravillosa niña y no una terrible enfermedad».