La estrella del pop británica Lily Allen ha vuelto a exceder los límites de alcohol que su cuerpo le permite, esta vez en Cannes. La joven de 23 años, que ya fue hospitalizada en una ocasión a causa de sus excesos con la bebida, se atiborra a vodka para olvidar el trauma que le persigue desde que sufrió un aborto y la ruptura con el padre de la criatura, Ed Simons (Chemical Brothers).
En el Hotel Du Cap, donde se alojó la cantante, afirman que "su padre Keith tuvo que pedir ayuda a los porteros para que le ayudaran a llevarla a su habitación".