Aunque ha rebajado mucho su color pelirrojo, lo cierto es que Nicole Kidman sigue teniendo ese aire misterioso de sus inicios... su piel blanca como la porcelana, su estilizada (demasiado) figura, sus ojos azules cristalinos; no es de extrañar que Tom Cruise perdiera la cabeza por ella y ahora lo haga su marido, Keith Urban. Además una actriz de garantías y una embarazada con muchas ganas de ser madre de forma biológica.