"Si la envidia fuera tiña..." El refranero lo tiene claro, no tanto las estrellas. Brad Pitt se convirtió en el objeto del deseo en este trío malavenido. Aniston lo tenía en su posesión, felizmente casados, hasta que llegó la Jolie (y va por su segundo mandamiento incumplido) y le echó el ojo. No se resistió mucho el guapo de Pitt y abandonó el hogar marital para hacerse cargo de la familia de Angelina, donde ya había dos pequeños, y él aportó la semillita para uno más. ¿Por qué lo ajeno tiene tanta atracción?