Julia Roberts es una mujer aplicada, por eso tras ganar el Oscar por 'Erin Brockovich'se puso manos a la obra y no dejó ni rastro del aspecto que tenía en sus comienzos. Vestuario y color de pelo han sido los dos cambios más llamativos. Nada tiene que ver el Valentino en el que se enfundo para recoger el Oscar con los 'trapitos' que se ponía hace años.