Como buena famosa, al menos que se precie, su relación con los reporteros gráficos es de amor-odio. Tanto les llama para que le saquen con su última pareja (no nos atrevemos ni a decir su nombre, cambia tanto), como les rocía con agua en una muestra de divismo muy suyo (y de Kate Moss, claro). Los paparazzis se llevaron un buen baño, pero la imagen quedó de lo más ilustrativa.