No sólo ibamos hablar de padres feos, hay muchas madres que no eran precisamente monas, pero que han mejorado muchísimo con el paso de los años. Sea por el amor, sea por los arreglitos, Demi Moore es un claro ejemplo de ello. Pero como no todo se pega, su hija mayor parece no haber heredado ninguno de esos encantos. Todavía le queda mucho por crecer, ¿no?