Tampoco es santo de nuestra devoción Pepe Navarro. Tuvo su momento y logró el éxito en televisión, pero desde luego no fue gracias a su simpatía (sino más bien al morbo que despertaban sus programas). Como anécdota de hasta que punto pueden llegar sus malas pulgas, la triufulca que tuvo con Noemí en la tercera edición de Gran Hermano (la única que presentó).