J. Howard Marshall II era 63 años mayor que la conejita, lo que no fue óbice para contraer matrimonio con ella y cambiar el testamento, algo muy común entre los octogenarios millonarios. Un año después del enlace el anciano fallecía con 90 años y la modelo había cumplido uno de los tópicos más famosos que se conocen desde que el mundo es mundo: casarse y heredar.