En definitiva, Aída Nizar nos ha demostrado día a día que es un personaje de esos que pensábamos que ya no quedaban. Una especie en peligro de extinción (gracias a Dios) y todo un animal televisivo, que sabe crear polémica y espectáculo, aunque sea a costa de ganarse la antipatía colectiva. Y es que Aída es mucha Aída, y si no que se lo pregunten a ella misma...