Como castigo por aquella bochornosa actitud y con la intención de que el niño sentase la cabeza de una vez por todas, el Príncipe Carlos obligó al menor de sus hijos a limpiar las pocilgas de una granja, ayudar a cuidar el ganado y trabajar en el huerto. O al menos esto nos contó 'The Sun'. Una pena que no tengamos las instantáneas del Príncipe 'granjero', aunque puede que imaginárnoslo sea incluso más divertido.