Diana de Gales no sólo fue una de las personas más influyentes del mundo, sino que además se reunió con verdaderas celebridades del siglo XX como María Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, Gracia de Mónaco o Juan Pablo II, una visita que despertó muchos recelos entre la comunidad anglicana. Fue tal su labor que muchos apuntaban a la concesión del Premio Nobel de la Paz, un galardón quizás excesivo y que sin duda hubiera despertado polémica.