Poco imaginaba la joven Mette-Marit que todas sus juergas algún día saldrían a la luz pública y serían un serio problema para casarse con un hombre. Pero claro, es que el hombre era un príncipe, y eso lo cambia todo. Mette-Marit fue una joven rebelde, con gusto por las bebidas 'espirituales', algunas drogas y los chicos malos. Sus fiestas ocuparon la primera plana de los periódicos y revistas de medio mundo, e incluso circuló un vídeo donde hacía top-less. Antes de casarse, en su pedida de mano, la nórdica tuvo que pedir perdón públicamente por su pasado.