
07/08/2007 VMT
Tenía 17 años cuando participó en aquella cuestación benéfica en el barrio madrileño de Argüelles. Rosa Villacastín estrenaba sus primeros tacones. "Iba como Concha Velasco en "Las chicas de la Cruz Roja". Procurabas estar con el chico que te gustaba para quedar con él". Lo hizo. Urdió una pella en el colegio y llegó a la cita con ropa de batalla. "Me presenté con la faldita tableada, los zapatitos bajos y el jersey azul. Vamos, de colegiala". Cualquier expectativa romántica se difuminó al instante. "Me metió en una cafetería para tomar algo y se ofreció a ayudarme a hacer lo deberes. Yo, que iba a ligar. Imagínate qué decepción. Fue horroroso".
En esos casos el mejor bálsamo era contárselo todo a las amigas. "En realidad eran secretos a voces. Se lo decías a una y ya lo sabían todas. Entonces te enfadabas muchísimo". Lo que no le impedía llegar a casa y descolgar el teléfono para seguir haciendo y recibiendo confidencias. "Sufrías mucho, todas éramos muy sufrientes. Nos llamábamos a escondidas de nuestras madres para decirnos cómo él nos cogió la mano. Era una tontería. ¿Pero qué bien se pasaba! Aunque yo no volvería a aquellos tiempos para nada. Cada cosa tiene su momento".
Estudiaba en un colegio mixto y los del pupitre de al lado no le llamaban la atención. "¿Quién me interesaba? Los hermanos de mis amigas, que eran mayores y no me hacían ni caso, pero les hacía mucha gracia que estuviera a su alrededor, mirándoles arrebolada con una cara de boba que ni te cuento". Hizo locuras para llamar su atención. "De todo, he hecho de todo. Hasta estar sentada un montón de horas en un banco mirando la ventana de la habitación donde estudiaba el hermano de una amiga. Esperaba a que se asomara a abrir la ventana. Su hermana era mi cómplice: cuando él bajaba a la calle, me avisaba".
Tuvo una adolescencia movida. "Siempre estabas corriendo. Corrías porque ibas detrás de los chicos o ellos te seguían. Corrías para que tus padres no te vieran haciendo algo. Recuerdo que esa parte de mi vida fue muy acelerada". Tenía que estar en casa a las diez. Con su primer novio sus padres se relajaron porque "encajaba" con lo que deseaban para ella. "Me sacaba diez años. Era diplomático y extranjero". Y le abrió las puertas de su propia casa. "A mis padres les hacía mucha gracia, confiaban en él. Lo veían serio. Iba a casa a recogerme, me llevaba a fiestas. Imagínate. A mi madre le encantaba. Aquello era otro mundo".
Villacastín nunca tiene malos recuerdos. "Si paso página, me olvido de la persona". Sus primeros flechazos fueron muy platónicos. "No he sido enamoradiza. Era bastante independiente. No me gustaba quedarme enganchada". Le encandilaba el hermano de una amiga. "Me parecía un bombón. Guapísimo. Me encantaba. Le miraba. Y nada más. Él estudiaba Económicas y ni me veía". Le divertía más pasárlo bien con las amigas. Hacerse la cera en las piernas, aprender a caminar con tacones y escaquearse de clase para ver una película de Elvis. "Ni te daban paga ni ibas de compras". Ahora tiene otra cuadrilla de amigas. "Con otras edades, decorados y protagonistas. Si alguna tiene un problema le digo: "No vayas al psiquiatra. Vente a tomar café y nos cuentas".
Esta Rosa Villacastin es un vejestorio que nadie nunca la tomo en cuenta por fea y mas que nada porque no tiene ni gota de guasa. Solo le queda el casco y la mala idea . Una resentida sin compacion y no descarto que sea homosexual.
PROGRAMAS DEL CORAZÓN. Los más vistos, los más criticados, ¿qué opinas de ellos?, ¿más regulación o es libertad de expresion? Opina